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HACIA FRONDOSA

Frondosa es una isla singular que se mueve libremente a la deriva surcando los océanos. Eso se debe al extraordinario hecho de que no está anclada a placa tectónica alguna. Es una isla arbórea, que se formó hace millones de años a partir de una única semilla. Con el paso del tiempo, de mucho tiempo, quizás más, más, más, eso es, ahí… el rizoma se fue solidificando y se formaron sus amables colinas y prominentes acantilados. Bueno, si le parece estrambótica esta explicación, siempre puede echar un vistazo al relato de algunas religiones sobre los orígenes del mundo.

Las gentes que allí viven son alegres por naturaleza, entusiastas, apasionadas, ingenuas, amantes de la cultura y el arte, de la conversación, el baile, la amistad y la concupiscencia. Sí, agudo lector, lo ha adivinado. Son la versión más despreocupada de nosotros mismos, esa que a duras penas llegamos a rozar alguna vez, con la punta de los dedos. Sin embargo, esa postura tan naif no les ahorra enemistades. Muy cerca de ellos, su isla rival, Isla Cordura, encarna una manera de ver el mundo completamente diferente: la del individualismo y dar el 100×100. Somos nosotros mismos, ahogados en la turra de la excelencia y la competitividad. Estas dos sociedades tan antagónicas y enfrentadas han caído en el olvido, aunque pervivan dentro de nosotros. Gracias al trabajo investigador de Miranda Flores Castillo, oriunda de Frondosa, hemos podido saber Todo lo que sabemos sobre Isla Frondosa, que es prácticamente nada.

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todo lo que sabemos sobre isla frondosa, que es prácticamente nada

basado en la inestimable labor recopiladora de Miranda Flores Castillo

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berreti y las berretinas

Si bien el teatro ha quedado relegado en Frondosa a la categoría de arte marginal, arrastrado por las modernas corrientes del teatro en bucle de don José Pérez García, en justicia habría que decir que no siempre fue así. En los buenos tiempos gozó de una gran popularidad. El ardor contagiado por Talía y Melpómene por las tablas de los escenarios flameaba en los corazones de las buenas gentes, tanto, que corrían peligro de

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fritz, el neurólogo

Nandor Bartha fue un músico polifacético de origen húngaro que mantuvo una relación no del todo aclarada con Miranda Flores Castillo, durante los años en que esta permaneció fuera de la isla. Separados por tres mil millas de distancia y sin embargo admiradores ambos de la prolífica obra del otro, se cartearon innumerables veces, detalle este que no pasó desapercibido a 

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por eso me gusta

Poco hueco quedaba en los buenos tiempos para algo que no fuera el arte y el ensayo en las calles de Frondosa. Los niños en el parvulario jugaban a hacer quintillas con gran destreza. El palíndromo y el alejandrino se usaban para pedir turno en los mercados. Y en las tabernas se invitaba a una ronda al que interpretara el mejor solo de violín o bailara con más sentimiento el bullerengue. En los buenos tiempos, el que más o el que menos cultivaba su gusto por el ingenio y el arte ciudadano en cualquier esquina. Famosa fue la obra de Hermann Gündel que practicaba la anamorfosis en la esquina de

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elena síseri

Elena Síseri recorría la foresta hasta bien entrado el día. Cuando localizaba algún árbol con el que no hubiera hablado hacía tiempo, se arrodillaba junto al tronco solicitando permiso. Generalmente una ráfaga de aire, agitando las hojas, le hacía ver si le era concedido. Una violenta agitación se interpretaba como un no. El suave mecer de las ramas, un sí. El silencio, que lo estaban pensando. Algunos sicomoros se hacían de rogar durante horas. Sin embargo, las adelfas y los bambúes eran extremadamente parlanchines. Los dragos centenarios pronunciaban tan lento que una sola palabra les ocupaba varios días. La joven no

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el rubio o cómo levantar la curva de la natalidad

Si bien es cierto que los buenos tiempos han pasado (siempre lo hacen). Los frondeses viven en la injustificada creencia de que aún siguen en ellos. Una cuestión de sensaciones más que de hechos. De espíritu que de realidad. El conformismo y la tendencia a lo jacarandoso de los frondeses es legendario. Viven el presente con sencillez. El pasado no lo recuerdan bien. El futuro, menos aún. Así que viven el rabioso presente sin más preocupaciones, en el agradecimiento de haber nacido en Frondosa y no en la isla ceniza de los de enfrente. Si hay 

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la viuda ficceti, louise brooks o las consecuencias del amor piciforme

La viuda Ficceti vivía en la calle del Tamarindo en el barrio del castillo. Como es fácil deducir, no siempre ostentó dicho estado civil. Combinaba la viudedad con el matrimonio, por temporadas, de una manera admirable. Estuvo casada con Primo Forlán, el gimnasta, durante unos años; con Masud Kerr, el psicoanalista pobre, durante unos meses y con el mismísimo Roger B. Doodley Jr., el explorador, por unos minutos. ¡Y quién sabe cuántos más habrían caído en sus redes cuando vivía fuera de la isla! De imponente belleza, pómulos afilados y mirada de diva, su quebradiza figura no engañaba a Miranda Flores Castillo. Miranda sospechaba que 

¿quieres ayudar a mantener a flote isla frondosa?

Cada vida es un relato. La tuya, también. A veces feliz, a veces amargo. Así ha de ser. Un relato que merece la pena ser vivido. Hay gente que lucha por salir adelante, arriesgando sus vidas, por encontrar algo parecido a lo que tú y yo vivimos. Ayúdales. Miranda Flores Castillo, recopiladora de todos estos relatos, se sentiría pagada con creces si les tiendes tu mano para que puedan dar un nuevo rumbo a su historia. Puedes hacerlo ahora, ya, no hay otro momento. Miranda nos propone dos posibilidades: ACNUR (La Agencia de la ONU para los Refugiados, y OPEN ARMS). Pero si tienes tus propios canales para hacerlo, hazlo, ya. Si los relatos te han gustado dona aunque sea un euro, toda ayuda es poca. Y si crees que a alguien podrían interesarles, difúndelos. ¡Haz que la pequeña gran comunidad de Frondosa sea más grande! y Miranda quedará en deuda con vosotros, para siempre. 

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