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Lo que Freud nos enseña de Juego de Tronos (I)

por / Lunes, 13 octubre 2014 / Publicado enArtículos, Juego de Tronos, Ultimas publicaciones

LO QUE FREUD NOS ENSEÑA DE JUEGO DE TRONOS

(¿CÓMO SOBREVIVIR EN UN MUNDO “ELLOICO” SIN CASI LÍMITES NI LEYES?)

 

Antes de pasar a hablar de Juego de Tronos es importante conocer brevemente algunas ideas, que nos servirán para entender mejor lo que vendrá después.

Cuando Freud establece lo que desde entonces se viene denominando “segunda tópica” en 1920, representa el aparato psíquico, nuestra “máquina de pensar”, dividida en 3 instancias: el Ello, el Yo y el Superyó. Esta manera de concebir el psiquismo humano es un modelo de intentar representarse la realidad. Evidentemente el ello no se ve a simple vista por la calle y no se puede observar por un microscopio. Tampoco se corresponde con ningún área cerebral determinada. Es un modelo teórico del funcionamiento del psiquismo que da cuenta de fenómenos que acaecen en el día a día, tanto en las patologías mentales como en el funcionamiento normal. Son conceptos que nos ayudan a pensar y a saber por qué cada uno/a se construye de manera diferente. Pero vamos a ver qué es cada cosa.Medieval knights against stone wall

El Ello, es la parte más primitiva y energética de nuestra mente. Es un magma volcánico, casi de instintos se podría decir para entendernos. Aunque no son exactamente instintos. Para entenderlo mejor tenemos el referente de los animales. En ellos el instinto está predeterminado y provoca comportamientos estándar, como el movimiento de las abejas por ej. No le es posible a la abeja hacer otra cosa que lo que hace. Del ello se dice que está formado por pulsiones, un concepto límite entre lo somático y lo  psíquico. Las pulsiones son excitaciones internas, endógenas, que exigen descargarse, como el hambre, pero no tienen un objeto predeterminado. Hay que elaborarlas. No son tan automáticas ni predeterminan tanto el comportamiento como los instintos. Es con lo que nacemos: una caldera sensual de deseos. El bebé al nacer, a nivel psíquico es una masa informe de Ello. Y el acercamiento que hace al mundo es más sensual que perceptual. Sensual en el sentido de que es la búsqueda de lo que nos provoca placer y el rechazo de los displacentero lo que va a ir construyendo nuestro psiquismo.

Otra parte es el Yo, que se va a ir formando con el contacto con la realidad. La realidad de las frustraciones, necesarias y dosificadas a las que tiene que hacer frente el/la niño/a.  El Yo tiene diferentes funciones, más perceptivas, de gestión, contenedoras y autoobservadoras, y se desarrolla a partir del cuerpo y la proyección mental de las sensaciones corporales. Podemos entenderlo como un funcionario que gestiona y trata de armonizar, por un lado las fuerzas que llegan del ello, que demandan satisfacción,  los deseos sexuales y agresivos, por ejemplo. Y a la vez los mandatos que le llegan de la tercera instancia, a la que llamó Superyo.

El Superyó es una parte del psiquismo que se va formando más tardíamente, comenzando a formarse entre los 2-3 años, edificándose lentamente a partir del Yo, del contacto con la realidad y de las exigencias, prohibiciones y normas que los padres van haciendo al niño/a. Como es una formación progresiva, no hay fechas exactas, pero se entiende que hay un periodo clave, entre los 4 y los 6 años en los que se considera que cristaliza. El miedo al castigo  y a la pérdida del afecto de los padres hace que el/la niño/a vaya introyectando las prohibiciones de sus padres. Formado por una conciencia crítica, normas y prohibiciones, los valores e ideales sobre lo que está bien y mal, sobre lo que cada uno busca para sí, para considerarse valioso. Ese ideal, que al cumplirlo hace que nos sintamos valiosos, es una especie de proa que indica el camino en la vida. El superyó tiene mucho que ver en su formación, con el propio superyó de los padres, con el que uno/a se identifica inconscientemente. Y en sí mismo supone la internalización de algo que en principio está fuera, las normas, prohibiciones y reglas de los padres.

En este contexto, se puede entender que los siete reinos y demás territorios que se muestran en Juego de Tronos, son predominantemente elloicos. Un mundo arcaico en el que la violencia desmedida y la sexualidad están en primer plano. De una manera muy primitiva y tosca. Los hombres especialmente ellos (y no las mujeres), desean y toman lo que desean, con violencia o sin violencia. Casi se diría, que preferiblemente con violencia. No hay instancias que les frenen, ni leyes sólidas que se respeten y protejan. Como la del incesto que ya desde los primeros momentos de la serie, se ve transgredida. En ese contexto, imaginemos por un momento cómo sería vivir en un mundo así tan primitivo y elloico. Cómo adaptarse a él y sobrevivir.  Los personajes que representan una adhesión mayor a lo superyoico, que siguen rígidamente una moral en su conducta chocan de lleno con la realidad y tienen problemas. En una sociedad tan violenta un superyó rígido, que no se flexibiliza, probablemente está abocado a una muerte más pronto que tarde. La casa Stark, es un ejemplo de ello. No son los únicos, sin embargo que reflejan una predominancia superyoica e incluso entre ellos hay matices. John Nieve, el hijo ilegítimo de Eddard Stark, por ejemplo, es capaz de romper las rígidas normas del muro, que ha jurado, introduciendo algo de flexibilidad. Sin duda, otro personaje en esa línea descrita, es Stannis Baratheon, representaría un superyó sádico, que se convierte en un juez implacable, capaz de castigar incluso al que le hizo bien (Davos). Es un peligro del que conviene estar avisados, desarrollar un “Stannis interno”, puede ser muy dañino. Y conducir, si la agresividad se canaliza hacia uno mismo, a la depresión, la desvalorización, dificultades de autoestima, etc.

Si buscáramos un personaje más cercano al Yo, que represente una preponderancia de esa instancia, quizás lo encontráramos en el personaje de Samwell Tarly, un chico asustadizo, gordo, tímido y cobarde, que sin embargo es buen gestor de lo que le rodea, lo hace inteligentemente y logra sobrevivir a pesar del Ello circundante. Eso sí, con miedo intenso. Cómo no tenerlo en un mundo tan violento. Sería un Yo, agobiado, en un punto de desbordamiento de recursos.  Al borde de un ataque de ansiedad. En su función de mayordomo y también al cuidado de los cuervos y la biblioteca debe organizar, cuidar y servir. Es consciente de sus limitaciones, en cuanto al combate y la valentía, pero también de sus puntos fuertes en relación a su capacidad de aprender, erudita y de lectura. Ejerciendo una función del Yo, que es la de la autoobservación (poder adoptar una perspectiva distinta para mirarse y reflexionar sobre uno mismo). Lidiando entre el seguimiento estricto de las reglas (no llevar mujeres al Castillo negro por ej.), el deseo de ayudar a Eli, y su propia pulsión erótica hacia ella. Quizás no sea un personaje que reciba muchas identificaciones del público, otros personajes son más llamativos, en realidad se parece demasiado a lo que ya somos. El Yo es un gris gestor, pero muy  necesario para la adaptación. No es espectacular si lo comparamos con la fatal atracción que ejercen sobre el ser humano las pulsiones y deseos, o con la persecución que puede ejercer un superyó al que a veces es difícil calmar.

Por último, ¿cómo le podría ir en este contexto a un personaje excesivamente escorado hacia el ello? Si algún personaje parece ajeno a la ley, ya que él es su propia ley, como es el caso de los perversos, es Joffrey Lannister. Sin más norte que su deseo, sin la culpa que es el gran arma del superyó para que se haga su voluntad, Joffrey lleva las cosas demasiado lejos, incluso en un mundo elloico, el exceso, crea sus enemistades a pesar de tener un inmenso poder o quizá por ello.

Como se puede ver en un mundo sin leyes claras, regido por el poder y la violencia, nada garantiza nada. Pero probablemente nos podemos aventurar a especular, que lo más útil, podría ser un Yo fuerte y maduro. Que pueda soportar frustraciones. Que mida bien sus posibilidades y recursos, para aprovecharlos al máximo. Que anticipe peligros y soluciones. Y luche con realismo en los contextos en los que calcule que puede salir vencedor o que el peligro no sea excesivo.

 

3 Conclusiones para la vida que podemos extraer:

  • El mundo de Juego de Tronos no es justo, el nuestro tampoco. Es una buena actitud vital luchar por una mayor justicia en el mundo en el que vivimos, pero no olvidar su naturaleza injusta, y de relaciones de poder, cuando nos vengan mal dadas. Hay que asumir que no vivimos en un parterre cuadriculado y respetuoso si no en una selva ambivalente y emocional. Hay gente excesivamente apegada a las injusticias que sufre lo injustamente que le trataron. No podemos fabricar un mundo ideal. Ante eso uno puede instalarse en la queja o en la lucha. Quedarse anclado/a en la queja son estas personas que vemos quejarse por todo.  Todo está mal. Y parecen entrar en un bucle de quejas del que les es difícil salir. Como en una especie de bucle de re-sentimiento permanente, por el cual uno permanece anclado en el rencor sin poder evolucionar a otra cosa, a otros sentimientos. En ese sentido como apuntaba Kancyper, del dolor se puede salir mientras que el rencor  fantasea con una venganza permanente que nunca llega y que si llegara tampoco calmaría. La lucha por su parte implica siempre algo más maduro. Implica movimiento hacia lo que se quiere, más allá de que se consiga o no. Lucha por lo tuyo, asume esa injusticia de base, vive en este mundo, acércate a los que te aprecian y cuídales. Y aléjate (física o psíquicamente) de los que no te gustan, y déjales que sean lo que son.
  • Cuida tu Samwell Tarly particular, tu Yo. No lo culpabilices demasiado, es el que tienes. Hará cosas mal, tendrá cosas que no te gusten, será cobarde a veces, o torpe. Pero hace una labor difícil. Entiéndele. Entiéndete. Permítete satisfacer deseos, pon la carne en el asador para conseguirlos. Para ello tendrás primero que reconocer tu deseo, evaluar si es posible o no conseguirlo y si hay posibilidades reales, ¡ve a por él!
  • Por último, flexibiliza tu superyó. Actualiza sus criterios, no te quedes en que las cosas fueron así siempre y así tienen que seguir siendo. El mundo es cambiante. La flexibilidad te permitirá una mayor capacidad de adaptación. No lo veas todo a través de su mirada: lo que está bien, lo que está mal, lo que es justo, lo que no. Un “Superyó Stannis” se puede dar por ejemplo en las personas más obsesivas. Y como en la serie, lleva acarreado sufrimiento y poco disfrute. Auto-cuestiónate. Pregúntate si las normas de vida, tus valores, son realmente tuyos, o te los inocularon cuando tu situación era de mayor dependencia, como ocurre en la niñez. Autocuestionarse implica un cierto signo de elasticidad. Y lo que es elástico, no se rompe, se dobla pero vuelve a su SER. Si el discurso del psicótico es de la certeza, que puede cristalizar en lo delirante. Una certeza que le libra de ambigüedad y la ambivalencia. El discurso del neurótico es el de la duda, como en el caso de Stannis, creer o no creer en un dios nuevo, atacar o no, pedir dinero o no hacerlo. No es esto. Una cosa es la duda permanente del neurótico y otra la actitud de cuestionarse lo que uno es. El discurso interno del auto-cuestionamiento es la invitación a buscar tus propios valores y normas, los tuyos, los que son acordes con tu SER, es decir coherentes con tu manera de pensar y sentir. Cuestionar su origen y su validez actual,  quizás en el pasado sirvieron, ¿pero sirven hoy? Una invitación a pensar y a pensar-se en movimiento, siempre en proceso de cambio.

 

Cesar

César A. García Beceiro
Psicólogo Clínico Especialista
Director RedIntegra Psicólogos.

One Response to “Lo que Freud nos enseña de Juego de Tronos (I)”

  1. Viejo-muñeco dice: Responder

    Muy interesante. Veré la serie con otros ojos desde ahora.

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